Curso Nautica
VORAN educadores caninos está rotundamente en contra del maltrato animal, tanto físico como psicológico. El aprendizaje tiene que resultar siempre algo positivo. Si no estás de acuerdo con estas líneas te aconsejamos que no sigas leyendo: no somos lo que buscas.  

Querida compañera y sin embargo amiga (lo que te has reído cuando te decía esta chorrada, más vieja que yo):

El pasado día 5 de marzo recibimos, a primera hora de la mañana, la terrible noticia de tu muerte.

Si te soy sincera no podía creerlo, aunque la voz de Antonio y su desgarradora frase "que Sylvia se ha muerto, tía! que se ha muerto!" me dejaba pocas opciones para la esperanza.

Nos dirigíamos al grupo de trabajo y paramos a mitad de camino. Aún no sé cómo pude conducir, ni cómo pude dar la clase ese domingo (quizás fuera tu fuerza y las ganas de dedicarte mi trabajo en el día de mi vida que más me ha costado poner "al peor tiempo" una buena cara).

Después de clase, todo se hizo oscuridad. Hasta hoy. No sé por dónde empezar para reponerme de tu ausencia. Hay días que pienso: "ahora debes trabajar por dos; se lo debes". Otros intento ver a un perro, hablar con un cliente, dar una orden de "platz" y no pensar en tí. Pero no puedo, estoy aturdida. Así es como se pasan estos días terroríficos: entre la dedicación y la desilusión, entre el arrojo y las lágrimas, entre la vida y la muerte...

Sí, ya sé... que te gustaría que pasara página... Pero es que en eso sí que fuimos muy diferentes. Tú tenías muy claro (y aceptabas) que había cosas inevitables y que la suerte tantas veces estaba echada y había que resignarse aunque no gustara. Algún taco se te escaparía si me vieras con estas ojeras y los ojos empapados. Pero siempre has sabido que soy una jodida sentimental (tú me perdonas la expresión) O sentimentaloide, que casi viene a ser lo mismo. Y como tal me veo hoy, más pusilánime que nunca. Se me encoge el alma todas las mañanas cuando no te escucho (que por cierto: vaya brasa que me dabas cada día a las ocho, con aquel contrato de "pague un minuto y hable sesenta") Nunca pensé que pudiera echar tanto de menos oírte vociferar porque tal o cual perro se te iba lejos cuando los sacabas, o porque uno se estaba comiendo no sé qué. En mis mañanas hay un silencio opaco, un hueco como un profundo pozo en mitad de la nada, una brecha en la alegría, un corte vertical y áspero en la esperanza.

Y como decía Miguel Hernández en situación parecida: "y sin calor de nadie y sin consuelo voy de mi corazón a mis asuntos". Y en mi corazón estás tú. Y en mis asuntos estás tú.

Me vienen a la memoria miles de escenas de las cuales fuiste una de las protagonistas. Nuestro primer encuentro, por ejemplo. Después de discutir lo indiscutible en aquellos años en los que se hicieron en España las primeras conexiones a Internet. Allí estábamos una tal Sylvia y yo debatiéndolo todo, mandándonos e-mails (algunos subiditos de tono, aunque empezaran y terminaran cordiales) Me dijiste en el primero: "Puedes discutir conmigo lo que te de la gana, pero Sylvia lo escribes con "Y". Desde el mismo día de tu desaparición, cuando veo tu nombre escrito con "i" latina, se me pone una mala leche...

En el primer encuentro me caíste genial y ya nunca volvió a ser de otra manera (por lo visto fue recíproco) Luego pasaron los años y con ellos se hizo fuerte nuestra amistad. El domingo previo a la Feria de Torres de la Alameda nos echamos unas risas que queríamos repetir cuanto antes. Todos disfrutamos de aquellas horas juntos y tu llamada, por la noche, pidiendo que no dejáramos pasar el tiempo sin volver a juntarnos todos (tú yo yo nos veíamos más, pero con Antonio y Liane era más difícil) fue casi premonitoria.

Si pudieras mirar por un agujerito en este momento sé que estarías muy preocupada por Antonio (o por "tu Antonio" -como decías-) Quiero que sepas -si es que ese agujerito existe (ya conoces de mi incredulidad y de mi agnosticismo) que intentaré por todos los medios que tenga en mi a una amiga, la que siempre fuiste tú para mí. Le daremos todo el cariño que nos tuvimos y nos tenemos "toda la cuadrilla", puedes estar segura.

Voy a procurar continuar lo que tú y yo empezamos. Y si a Antonio no le abandonan las fuerzas y continúa en este nuestro proyecto en común, cuando haya que hacer "lacitos a las bolsas de chuches" en la próxima feria y nos diga "que es una mariconada" dale una colleja, haz el favor.

En el artículo que escribí en Navidades decía, refiriéndome al año: "Por todo esto y cosas que me callo... que se acabe ya y que de paso a uno más humano, más soportable, más respetuoso." Y mira tú por dónde, este ha llegado con la furia del viento que nos ha dejado helada el alma. Algunos de los versos de la Elegía que escribió Miguel Hernández se me vienen constantemente a la cabeza.

Amiga: esto no es una despedida, porque ni puedo, ni quiero despedirme de ti.

Sólo deseo que no se nos olvide la lección de vivir hoy, de querer a los nuestros y de decírselo, de no perdernos ni un minuto de su compañía.

Estoy orgullosa de haber pertenecido a tu círculo de allegados, de haberte disfrutado (aunque me hubiera gustado que la Naturaleza hubiera sido más compasiva contigo)

Otro gran poeta, Goitisolo, escribía:

"No sé decirte nada más

pero tú debes comprender

que yo aún estoy en el camino"

Te quiero, Sylvia.

Charo Moral. VORAN educadores caninos